El Acuerdo de París contra el cambio climático

El Acuerdo de París contra el cambio climático

Desde hace décadas las Naciones Unidas han buscado maneras de combatir la contaminación, de forma más o menos efectiva. Entre ellas, una de las más famosas fue el Protocolo de Kioto, firmado en 1997, aunque no entró en efecto hasta 2005 con 189 naciones que fueron firmándolo entre esos años. Estados Unidos nunca lo firmó, pese a ser uno de los países más contaminantes.

Dicho protocolo demandaba de los firmantes a reducir en un 5%, comparado con 1990, las emisiones de 6 gases de efecto invernadero, causantes probados del calentamiento global. Estos gases son: Dióxido de Carbono (CO2), Metano (CH4), Óxido Nitroso (N2O), Hidrofluorocarbonos (HFC), Perfluorocarbonos (PFC) y Hexafluoro de Azufre (SF6).

Al igual que el posterior acuerdo de París, el Protocolo de Kioto es parte de Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC).

Pero los efectos del Protocolo de Kioto sólo tenían una duración determinada. Para asegurar, en la medida de lo posible, la continuidad de la política de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, las Naciones Unidas impulsaron, en 2015, el Acuerdo de París, el cual contemplaba su aplicación para el año 2020, que es el año en que finaliza el término acordado en el Protocolo de Kioto.

acuerdo de paris

Los objetivos del acuerdo

Firmado por 195 países, incluyendo esta vez a Estados Unidos, el Acuerdo contemplaba varios objetivos o “efectos del mismo”:

  1. Para reducir considerablemente los riesgos generales del cambio climático, controlar el aumento de la temperatura media mundial a niveles preindustriales de 1,5 ⁰
  2. Promover la resiliencia del clima, desarrollo con bajas emisiones y la adaptación a los efectos adversos del cambio climático, sin comprometer la producción de alimentos.
  3. Utilizar las corrientes financieras para asegurar una trayectoria que permita desarrollar los puntos anteriores.

Para conseguir estos objetivos, lo que el Acuerdo demandaba de los firmantes varían según cada país, ya que, al firmar, el miembro dice qué puede hacer por el Acuerdo y, si se acepta, se le incluye como miembro. Algunas características de lo que se demandaba eran:

  • Que fuesen contribuciones ambiciosas.
  • Que fuesen con un compromiso de durabilidad.
  • Que esté enfocadas a cumplir el Acuerdo firmado.
  • Progresos cada vez más ambiciosos para cumplir el principio de “progresión”.
  • El Acuerdo no puede “obligar” a nadie, aunque se interpreta la voluntad de cumplirlo.

El Acuerdo de París no contemplaba mecanismos para forzar a los países a cumplirlo, pero sí que incentivaba la cooperación, de forma que se pudiese, también, hacer presión en bloque.

Aunque, ese aspecto de no “obligar a cumplir”, es lo que hace que no hayan ni sanciones, ni ningún tipo de efecto para los países que se lo salten o se salgan del mismo. Como sucedió el 1 de junio de 2017, cuando Donald Trump anunció que Estados Unidos, uno de los países más contaminantes, volvía a quedarse fuera de un acuerdo internacional por la reducción de emisiones.

Los efectos del cambio climático son implacables e irán a peor con los años y por ello sigue siendo de la máxima importancia que, a nivel internacional y en bloque, las naciones se unan para reducir los niveles de contaminación. No servirá de nada que sólo 1 país o unos cuantos, lo haga. Se necesita que todos los países que contaminan más allá de lo sostenible, empiecen a trabajar conjuntamente y de forma honesta para que podamos continuar viviendo en este planeta.

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